martes, 26 de marzo de 2013

Aprendiendo a mamar

Recuerdo en el momento posterior de parir que la matrona me sugirió que te pusiera ya al pecho. Yo andaba algo aturdida, aún por los pujos del parto, pero no sabía como colocar tú carita hacia mi pezón. Y eso que había estado empapandome bien durante todo el embarazo de cada nueva necesidad.

Ante mi gran duda de no saber hacerlo bien, pedí consejo a la matrona. Ella amablemente me pidió permiso para tocarme el pecho, después de haberme estado manipulando poco más de una hora mi zona interior íntima, me hizo gracia aquella mujer. Así que me estímulo un poco el pezón con sus manos para que cogiera forma de tetina y así poder ofrecerte los calostros (que viene a ser unas mini dosis de grasa extra para que medio te repongas mientras a mi me da la subida de la leche).

Allí estábamos los dos intentando comunicarnos por primera vez en el mundo exterior en la camilla del hospital mientras papá tecleaba su blackberry a toda prisa para mantener a los familiares al tanto de la nueva situación.

Un par de días de calostro es lo que pude ofrecerte, se me hicieron eternos, yo no hacía otra cosa que apretarme el pecho para comprobar si tenía ya leche para tí... estaba angustiada quería a toda costa darte pecho, ya dudaba si de verdad me saldría leche de ahí, aun estaba algo incrédula.... y entonces me dió "la subida" estaba maravillada con aquella acción de la naturaleza, se me infló tanto el pecho que dejó de ser maravillosa para pasar a ser dolorosa.

Pero hasta que aquello sucedió pasamos unos ratos agobiantes. Ya estábamos en la casa y tú llorabas desoladamente porque tenías hambre y yo no tenía aún alimento para ti, sólo gotitas de calostro, que no te saciaban. Llorabas a pleno pulmón y yo me ponia más nerviosa de verte así. Mandé a papá corriendo a una farmacia para que trajera leche de fórmula porque los dos estabamos angustiados de verte así. Así que te preparé un bibe que te relajó lo que quedaba de noche.

Al día siguiente tenía tanta leche en mis pechos para ti que tuve que volver a la farmacia a por un sacaleches, mi producción era superior al consumo. Los pechos se me endurecieron tanto como piedras y entonces necesitaba urgentemente sacar esa leche de ahí como fuera, y ablandándola con paños humedos de agua caliente conseguí calmar y extraerla con facilidad.

Al final conseguimos equilibrar dicho estado a la necesidad que tú demandabas.


Y yo me sentía satisfecha de ver que te estaba alimentando bien, y tan bien, porque tan solo tenías una semana de vida y la báscula decía que ya tenías 400 gr más, me quedé atónita... no perdiste ni un gramito... me quedé tranquila al comprobar que no solo tenía leche, sino que además era de buena calidad.

Entonces fue cuando sentí que tu dependencia hacía a mi era recompensada.

No hay comentarios:

Publicar un comentario